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¿Es posible construir un plan de retiro en Costa Rica sin depender de la pensión?

La pregunta dejó de ser provocadora y pasó a ser prudente. En Costa Rica, el retiro se apoya en pilares valiosos, como el IVM y el ROP, pero el contexto demográfico y financiero exige una conversación más madura: cómo diseñar un retiro que funcione aun cuando las reglas cambien, los beneficios se ajusten o los ingresos previstos no alcancen para sostener el estilo de vida deseado.

La idea no es reemplazar el sistema, por el contrario, se trata de construir un plan personal que lo complemente con orden y previsión.

Costa Rica está envejeciendo rápido. El INEC proyecta que la población de 65 años y más se duplicará en las próximas dos décadas, al mismo tiempo que la esperanza de vida seguirá aumentando (84,27 años en 2050 y 89,57 en 2100) y la fecundidad seguirá bajando (mínimo proyectado de 1,14 hijos por mujer en 2031). Además, el INEC estima que la población del país empezará a disminuir alrededor de 2045, un giro relevante para cualquier sistema que depende de la relación entre cotizantes y pensionados.

En la práctica, el envejecimiento se traduce en una presión sostenida sobre los regímenes de reparto, porque reduce la cantidad relativa de trabajadores activos que financian a los pensionados. La propia discusión pública en torno al IVM lo refleja con claridad, la Dirección Actuarial y Económica de la CCSS ha presentado escenarios donde la “relación de soporte” se deteriora con el tiempo; en el pasado llegó a ser de alrededor de 30 personas aportando por pensionado (1970), hoy ronda 5, y se proyecta una caída significativa hacia adelante.

El punto clave es que el IVM ya se analiza en términos de sostenibilidad de largo plazo. La valuación actuarial al 31 de diciembre de 2022, conocida públicamente en 2024, identificó hitos críticos: a partir de 2041 los ingresos corrientes e intereses no serían suficientes para cubrir los gastos, y en 2047 se agotaría la reserva bajo los supuestos del estudio. También se reportó un déficit actuarial de ¢74,6 billones y se señaló que el régimen no pasa una prueba rigurosa de solvencia actuarial en el largo plazo. En este contexto, conviene pensar el sistema previsional como una base importante, y el plan personal como la estructura que define tranquilidad, flexibilidad y calidad de vida. Esa estructura se construye con decisiones repetidas durante años como hábitos de ahorro, activos productivos, inversiones coherentes y una gestión consciente del riesgo.

Ahora, hablando brevemente sobre el ROP, este se alimenta con aportes periódicos y se fortalece por el rendimiento de las inversiones. La OPC de la CCSS resume su composición de forma en que el 1% proviene del trabajador y 3,25% del patrono, y el saldo crece por la rentabilidad que genera la gestión de inversiones. También detalla comisiones y mecanismos operativos (por ejemplo, comisión anualizada del 0,35% sobre saldo administrado en el ROPC, calculada diariamente, según su explicación institucional), elementos que vale la pena entender como parte del costo de mantener la cuenta en el tiempo.

El tamaño del sistema da una idea de su relevancia macroeconómica. En 2024 se reportó que los activos administrados por el Sistema Nacional de Pensiones rondaban ¢25,8 billones, con un crecimiento de 48% en cuatro años, y que el ROP representaba una parte mayoritaria dentro de ese total (58%). También se indicó que ese conjunto de activos equivalía a cerca del 52% del PIB, y que la cartera se componía mayoritariamente de inversiones, con peso importante del sector público, una porción en el exterior y menor participación del sector privado local. A nivel de resultados recientes, el comportamiento del ROP también ofrece señales útiles para el debate. Con datos de SUPEN actualizados a diciembre de 2025, se reportaron rentabilidades nominales totales aproximadas de 11,11% a 3 años, 8,41% a 5 años y 8,56% a 10 años, además de cifras por operadora. En el mismo reporte se menciona que los activos del ROP ascendían a ¢14,4 billones en diciembre de 2025, con cerca de 3,2 millones de afiliados. Son números que ayudan a dimensionar que el ROP no es un detalle administrativo: es un componente central del ahorro previsional del país.

Entonces, ¿cómo se construye un retiro con menos dependencia?

Un plan de retiro robusto en Costa Rica suele apoyarse en cuatro dinámicas, pensadas para que el retiro sea financiable en escenarios distintos: cambios en reglas, inflación, ciclos de mercado, eventos familiares y un retiro potencialmente largo. Estas dinámicas funcionan mejor cuando se diseñan temprano, se revisan periódicamente y se mantienen coherentes con el perfil real de la persona.

 

1. ​Flujos de ingreso planificados

 

La meta operativa del retiro es cubrir gastos con fuentes de ingreso previsibles. En Costa Rica, eso puede venir de alquileres bien seleccionados, negocios con operación estandarizada, instrumentos financieros que pagan intereses, o una combinación de varios. El criterio no es “tener algo”, el criterio es que las fuentes no dependan de una sola variable y que resistan periodos de volatilidad. Esta lógica conversa directamente con el desafío demográfico del país: si el retiro dura más, el flujo debe durar más.

2. Inversiones

Un patrimonio ordenado separa dos funciones: una parte sostiene la estabilidad y otra parte busca crecimiento real de largo plazo, y una parte menor permite flexibilidad. Esta organización reduce decisiones impulsivas y permite sostener el plan cuando el mercado se mueve. En el caso costarricense, donde se reconoce que el mercado local tiene limitaciones de profundidad y oferta de instrumentos, la diversificación, incluyendo exposición externa cuando corresponde, se vuelve una conversación legítima, técnica y a menudo, compleja para los interesados.

 

3. Acumulación por etapas

El retiro suele fallar porque no se acumula lo suficiente a tiempo. La acumulación necesita objetivos: primero hábito y tasa de ahorro; luego fondo de emergencia; después consolidación de inversiones; y finalmente ajustes de riesgo conforme se acerca la fecha de retiro. Esta lógica se vuelve más relevante cuando se observa la trayectoria del IVM y la discusión pública sobre sostenibilidad; cuanto más incierto sea el beneficio final, más importante es que el plan personal tenga masa crítica propia.

 

4. Liquidez y protección

La liquidez es capacidad de reacción. Evita liquidar activos en un mal momento y permite absorber imprevistos de salud, familia o empleo. La protección (seguros adecuados, coberturas razonables, orden documental) cumple el mismo objetivo: evitar que un evento puntual destruya un plan de 20 años. En un país con envejecimiento acelerado, donde la etapa de retiro puede ser extensa, esa capa de resiliencia reduce vulnerabilidad y mejora decisiones.

 

A modo de conclusión, el retiro más estable en Costa Rica suele construirse por capas, integrando el IVM, el ROP, el ahorro voluntario, la protección mediante seguros y una estrategia de inversión adicional. Cada componente aporta una función distinta dentro del mismo sistema: continuidad, flexibilidad, protección del capital y capacidad de crecimiento en el tiempo. En un país que atraviesa una transición demográfica acelerada y que mantiene un debate técnico activo sobre la sostenibilidad del régimen básico, esta estructura por capas se vuelve un marco razonable para reducir dependencia y aumentar previsibilidad. Un plan personal bien diseñado parte de supuestos explícitos y realistas sobre horizonte, inflación, longevidad y nivel de gasto, y los traduce en decisiones concretas que se puedan sostener durante años. Requiere una asignación de activos coherente con la etapa de vida, una reserva de liquidez que evite ventas forzadas en momentos desfavorables, y una rutina de revisión periódica que permita ajustar sin improvisación. También exige gobernanza, entendida como disciplina, documentación de objetivos y control del riesgo conductual, porque en el largo plazo los errores más costosos suelen venir de decisiones reactivas.

 

Nota: Este texto es informativo y no constituye recomendación personalizada. Un plan de retiro serio se ajusta a edad, ingresos, deudas, horizonte, tolerancia al riesgo y situación familiar.

© DwP

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